El camino de la cocina a su alcoba cada vez era más largo, en el transcurso solo los detalles de la fruta fresca de cada mañana.
Descalza, cautelosa, contando mis pasos para evitar que los movimientos de mi cuerpo al caminar derramen una gota de leche, error imperdonable, y no comprendo porque, si nunca toca ni por equivocación el vaso, pero es lo primero que me exige, al igual que la fruta, el cereal y mi cuerpo que siempre deja a un lado.
Esta vez prepare su café mas temprano, le agregué todo mi resentimiento, le añadí mi soledad y una pizca de su indiferencia, pero solo la necesaria para hacerle sentir mi dolor, e incluí a la mujer suprimida, callada, esa en la que me ha transformado con el paso de los años y claro, mi ingrediente secreto, solo lo justo para el…
Hoy me esmere en su café, pinte mis canas, me vestí con su color preferido y me ignoro.
Lo observe mientras caminaba de un lado a otro con su café, hasta que consumió la última gota de mi desesperación y me quede tras la cortina solo para ver como cambiaba el color de su rostro, le note un ligero cansancio que más tarde le obligo a recostarse en la cama ..
Y por primera vez en años vi sus ojos negros sin poder, sin dominio, pero con un reclamo que se acortaba con cada suspiro.
Y yo sentada a su lado, como siempre, fiel e invisible, tejiendo con nuevos hilos en las manos.
leyla hernandez
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-98.232236